Se encuentra alineando historias en el desorden de un recuerdo. Serán cinco minutos de acción hasta que la razón lo expulse por absurdo.
Tanto confunde el vaciamiento que al desorden desprestigia, y un cuerdo estímulo de adultez reduce su recreo en aquel perfecto lugar.
Así comprende que no es mucho lo que queda por salvar y la idea de perderlo lo aterra.
Urgido por la escasez corre en busca de palabras, imágenes, gestos, miradas, música, abrazos, promesas extintas y todo lo demás…
Ordena en sus memorias todo aquello y obtiene su segundo de frescura que convive ante el sufrir por la ausencia de aquel rostro que ya casi no podría retratar.
Tiempo. Allí viene la razón con su correctiva intención de explicarle lo que pasa y va a pasar.
“Sí, lo sé…” – dice él, rendido y suspira – “…es que aún sospecho que se ha llevado consigo aquella parte de mi”.
La razón lo vuelve a mirar a los ojos, indignada, y le confiesa “necesito un poco de tu voluntad para cambiarlo, no creo que sea posible resolverlo de otro modo”.
Juntos sentencian el evento asintiendo con un gesto cabizbajo mientras vuelven a ubicarse en el cuadro de hoy.
Allí posa sonriendo, nuevamente, y espera valiente lo que tenga que venir.
Los preparativos
17:36 PM y comenzaba ese concierto difuso y gutural que proviene directamente desde la boca del estómago. Hambre, mucha, un montón…
Cada uno encara el ritual de la merienda a su manera, yo tengo el mío:
Cuando el cuero expulsó la lágrima e hizo del frío su mejor aliado entonces pudo abandonar el viejo juego de los sueños.
Es la astucia del nuevo sabio mal aprendido quien reparte con engaño, tan fuerte y sólo retuerce ante el susurro musical de aquel paraje atrás dejado.
Astuto forrado en cuero, curtido, avanza firme y abusa del destino, irrespetuoso, desalmado, mal aprendido.
Las causas le dan la razón y el tiempo le quita sustento. Míralo, vana astucia la del sabio si aún conserva algún recuerdo.
En: Reflexionar
10 dic 2009Z. Bauman podría haberlas llamado de este modo. Como rescata el autor en sus sucesivos textos (sumido en su éxito inicial Bauman hizo líquido con todo lo que encontró a su paso), un fenómeno que tiende a repetirse actualmente, hablando de vínculos entre personas y de emociones humanas en general, es que todas parecen mutar hacia un estado líquido permanente.
Consolidar nuevas relaciones y mantener fértiles las existentes, independientemente del ámbito en que se desarrollen (pareja, amistad, contactos, etc.) y siendo estas del tipo que fueren, parecería ser un objetivo cada vez más irrealizable.
¿Cuánto dura un puñado de agua en nuestras manos? ¿Cuánto tiempo podríamos contenerla hasta que sola se escurra por completo entre los dedos? ¿Qué compromiso o estabilidad esta le ofrece a aquella mano que la contiene? Las respuestas a lo anterior conceptualizarían brevemente lo que el estado líquido de las cosas implica, al menos en el presente texto.
Planeando todo desde la noche anterior. Eran varias tareas por hacer y en simple estimación de tiempos, probablemente, ocuparían la totalidad de las horas asignables a la actividad de un día entero.
Ahora bien, amaneciendo, la primera de ellas pudo ser descartada sin peros. Un demasiado temprano que ayer fuera tan tarde, sumado al malestar de un resfrío tardío en la joven primavera, conformaban la excusa perfecta para considerarla demasiado arriesgada y por demás descartable.
Pocas horas después, la segunda se adecuaba mejor a las costumbres horarias del hoy, y aunque el malestar físico oponía resistencia del mismo modo que antes, la negativa a este suceso implicaría arrastrar un problema hacia terceros implicados. Sin suficientes pretextos, entonces, me lanzaría solitario en compañía de la emisora radial.
Creo que pasa una o dos veces, tal vez tres, no muchas más. Lo que es un hecho es que ocurre para todos, y esa es la mejor noticia.
Son algo así como guiños cómplices, sucesos mínimos, oportunidades que parecen minúsculas; podrían manifestarse como sensaciones difusas, acompañadas de intriga, miedo, esperanza y miedo, una vez más. En definitiva, serán enemigas de la seguridad, de la comodidad, buscarán corromper la estabilidad y la inercia imperante. Llegan con la intención de explotar y acabar con todo lo establecido, prometiendo algo mejor.
La peor noticia es que ocurren muy pocas veces en la vida, dispersados a lo largo y ancho de ella. Tan sólo pasan, de repente, sin advertencia y escapan impacientes si no se los atiende. Tal vez sea esa la razón por la cual parecen no ser tantas las figuras públicas que admiramos, los grandes enamorados, los innegablemente felices, los considerados exitosos, los eternos sonrientes. El punto es que, posiblemente, el primer acierto de ellos haya sido el de atender aquel guiño original que iniciara sus propias revoluciones.
El último sábado nos juntamos unos amigos a comer y tomar algunas copas, como tantas otras veces. Hablo de un grupo de amigos, del cual formo parte, que ya tiene varios años de historia.
En un determinado momento de la noche, el dueño de casa acercó su computadora para que veamos algunas fotos que, con bastante cuidado, tenía archivadas y ordenadas cronológicamente.
Había fotos de los últimos seis años, e incluso anteriores. Para ser más exactos, eran fotos tomadas desde aquel momento en que la fotografía digital aparecía como novedad, siendo que luego se instalaría como regla en los días que corren.
Es increíble lo jóvenes que estábamos en las primeras, teníamos poco más de veinte años. Disfrutamos muchísimo recordando los momentos y anécdotas retratadas en esas fotos. Creo que por primera vez en mi vida, con el correr de cada imagen, pude comprender con toda certeza aquella frase que advierte “los años no vienen solos”.
Pasaban las fotos, y con ellas viajamos rápidamente por el tiempo. Allí estábamos todos, mutando al ritmo de los años. Algunos más panzones, algunas primeras canas, otros con menos pelo, pero existía una constante que nunca sufrió modificaciones, y es que en todas nos unía un mismo abrazo.
En: Sobre el blog
30 jun 2009Ya está disponible el número 9 de la revista Oblogo! Allí se publica el texto “¿El ascensor? una disputa de egos” surgido en este blog. Los invito a buscarlo, se distribuye gratuitamente en varios puntos de la Ciudad de Buenos Aires.
También pueden leerlo online o bajar en PDF desde www.oblogo.com.
De nuevo, muchas gracias a Oblogo por la publicación.

Tal vez ya era tarde para arrepentirse. Tantas veces debimos haber dicho las cosas de manera diferente, actuar de manera diferente. Pienso, que torpeza no haberlo entendido a tiempo.
Es que así siguen pasando los años, ¿será posible que la vida se llene de luces en un instante, repentinamente? Espera un momento, tal vez no sea bueno cuestionar esta creencia, no ahora.
Muy bien, veamos, voy entendiendo que están los que viven absolutamente; los que viven una mentira convenciéndose de ella para brillar en ese lugar; los que sin estar convencidos mantienen la mentira para sobrevivir; y los que no logran vivir de ningún modo. Me basta con lo segundo si no lograre la cima, pero por favor mantenme lejos de los últimos dos, no me gustan.
Sambola estaba preparado, esta sería su gran noche. Faltaban solo unos minutos para alcanzar su merecido trofeo. La paciencia, el cuidado y la abstinencia debían ser premiadas finalmente. No quedaban dudas, él se lo había ganado.
Se preparó mentalmente sincronizando cuerpo y alma para recibir el momento de la manera adecuada. Los nervios aumentaban con cada minuto que transcurría, el desenlace era inminente. El terror al fracaso lo hizo tiritar, esta vez no estaba preparado para una nueva frustración.
“Puedo lograrlo, hice méritos suficientes, esta vez la decisión será mía. ¡Victoria, voy por ti!”
18 de Mayo de 2009: Primer día de este blog. Si comprendiera el objetivo, la temática, el hilo conductor de esta Web, les aseguro que aquí mismo lo estaría exponiendo, admito entonces que no me queda tan claro aún. Así y todo, por favor, permítanme ir descifrándolo con el tiempo y mientras eso ocurre los invito a hacerme compañía leyendo un poco, sea todo esto lo que fuere que vaya a ser...